miércoles, 3 de mayo de 2017

Los Incas castigaban con muerte terrible a los traidores y corruptos

LES APLICABAN EL DEVORAMIENTO POR ANIMALES, DESOLLAMIENTO, COMER AJÍ “HASTA LA ASFIXIA” Y LA DESCUARTIZACIÓN



A los altos funcionarios los arrojaban a una fosa para que sean devorados vivos por pumas, zorros y serpientes

“A través de las memorias registradas por los cronistas de la época del virreinato, Guamán Poma de Ayala, Pedro Cieza de León y el historiador peruano, Leiner Cardenas Fernandez; recordaremos que tipo de castigos eran los más empleados para sancionar las faltas que cometían hombre, mujeres y jóvenes con el fin de forjar una de las sociedades más prósperas, fuertes y respetadas de toda la región”.

En el Perú, faltas como la delincuencia, corrupción e injusticias siempre han estado presentes en la sociedad. En la época de los incas, los culpables eran castigados con penas ejemplares que iban desde los castigos corporales y el aislamiento, hasta los más extremos donde la amputación, desfiguración y otros aún más crueles, hacían prevalecer las leyes del “Ama Sua (No seas ladrón), Ama Llulla (No seas mentiroso) y Ama Quella (No seas flojo)”. 

Los castigos instituidos durante el Tahuantinsuyo, tenían como base el recurso psicológico. Es decir, si faltabas a una de las leyes del Ama Sua, Ama Llulla o Ama Quella, debías atenerte a las consecuencias porque todo delito conlleva a un castigo.

Las leyes penales en el imperio Incaico eran muy severas, precisamente para que el castigo dejara un precedente en el resto a fin de evitar el desajuste del sistema.

Todos los culpables eran procesados en público, porque su falta alteró el orden establecido en el Estado y por ende a todos sus ciudadanos. Esto significa que el delito podía ser denunciando por cualquier poblador que lo supiese. “El quebrantamiento de una norma, significaba infringir una ley dada por el Inca a quien se le consideraba hijo del Sol”. 

En palabras de Guamán Poma de Ayala: "Mandamos que en nuestro reino ninguna persona blasfeme al Sol mi padre, ni a la luna mi madre, ni a las huacas ni a mí el Inca ni a la Coya, pues los haría matar... Mandamos que no haya ladrones ni asaltantes y que en la primera falta se les castigue con 500 azotes y en la segunda falta fuese apedreados y muertos y que no se entierren sus cuerpos; que se los coman las zorras y los cóndores".

Rebelión o insurgencia
De todos los delitos, los más graves eran la rebelión y la insurgencia, por considerarlos un atentado contra el orden de Estado que establecía el Inca. Quienes la motivaban, pagaban con su vida tal insolencia y en casos más severos, el aniquilamiento se aplicaba a las poblaciones que se revelaban. 

Homicidios y adulterio
A quienes mataban, el mismo fin les esperaba. La pena de muerte se aplicaba a homicidios, quebrantamiento de normas de familia o administrativas, actos sexuales prohibidos, adulterio y aún en casos de menores, era aplicable solo cuando reincidían en la holgazanería. 

Según cita el cronista Pedro Cieza de León: "mandó a todos los suyos que buscasen todos los más que pudiesen ser habidos; y con gran diligencia los buscaron y prendieron a todos, que poco se pudieron de ellos escabullir; y junto a una laguna, que allí estaba, en su presencia, mandó que los degollasen y echasen dentro; tanta fue la sangre de los muchos que se mataron que el agua perdió su color y no se veía que otra cosa que la espesura de sangre". 

El incesto, las violaciones, adulterio, cobardía, deserción en la guerra, hurto de los bienes del inca, eran castigados con el enterramiento vivo, el desollamiento, la horca para el ladrón homicida o adúltero, el apedreamiento, descuartizamiento a las malas mujeres y también les hacían comer ají hasta la asfixia. Otros actos de crueldad eran la amputación de los miembros y los azotes.

Mayores castigos eran para altos funcionarios
La pena de muerte, sea por ahorcamiento, degollamiento y desollamiento también servía para castigar a todos aquellos que cayeran en actos de corrupción y mentiras. 

También, se aplicaban castigos colectivos cuando se trataban de altos funcionarios; arrojándolos a una fosa para que sean devorados vivos por pumas, zorros y otros animales salvajes.

Según Guamán Poma, el mayor castigo se cumplía en las prisiones. "El Zancay (cárcel perpetua), era para los traidores y para los que cometían grandes delitos. Era una bóveda debajo de la superficie, muy oscura donde se criaban serpientes, leones (pumas), tigres, osos, zorra, etc. Tenían muchos de estos animales para castigar a los delincuentes, traidores, mentirosos, ladrones, adúlteros, hechiceros murmuradores contra el Inca. A éstos los metían en la cárcel para que se lo comieran vivos”, mencionaba en sus escritos.

Brujería y otros excesos
Por actos de brujería que causasen daño al prójimo; prácticas de sodomía y otros, eran ajusticiados con la hoguera y el destierro, la pena de muerte también era válida, siempre y cuando fuera una muerte lenta y dolorosa. Asimismo, se les confiscaba la casa y todos los objetos que pertenecieran al denunciado para luego quemarlos y que no traigan desdicha al pueblo. 

Nuestra realidad

La herencia de la justicia popular aún subsiste en las provincias y ciudades más remotas del Perú y nos referimos a los linchamientos hacia los ladrones y violadores, los cuales son un claro ejemplo de que para esos pueblos, la salida más lógica es la que misma que se usaba en el incanato. Una respuesta poco comprendida pero efectiva para ellos. 

En la actualidad, mientras la mayoría de peruanos vive a expensas de la delincuencia y convive con la corrupción, hace necesaria la presencia de un sistema que sin llegar a los extremismos del pasado, se haga respetar el Estado de derecho. Urge frenar la delincuencia en todos sus niveles y erradicar el crimen. 
Con el cumplimiento de estos castigos la delincuencia prácticamente era casi nula. 

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